Desde que probé mi primer white zinfandel (el de Cetto) hace un par de años, me volví aficionado de este curioso tipo de vinos. A partir de ese día creo que todos los que se encuentran facilmente en México los he probado, y en mis viajes a Los Angeles aprovecho para probar siempre uno o dos nuevos.
Hace un par de meses probé este vino, que compré por 7 dólares en el super gringo. Me llamó la atención que fuera de la región de Oxnard en la costa central de California, que es más famosa por sus buenas olas y gran nivel en los surfers que ahí crecen, que por sus vinos.
Un White Zinfandel clásico en la copa, con un color rosado perfecto, ni tan claro ni tan obscuro; aromas de algodón de azucar y fresas predominan en nariz, con un poco de cereza en el fondo, sin embargo se percibe un vino no muy dulce.
En boca, los sabores son los mismos que los que destacaron en nariz, resalta el sabor a fresa en su punto, seguido de otras frutas rojas. Un vino con cierto equilibrio… acidez alta que se compensa un poco con un dulzor agradable pero que podría ser mayor; un vino muy refrescante que va muy bien solo.
Vale los 7 dólares que cuesta, no más; no es por mucho de los mejores white zinfandel que he probado, pero es aceptable.