Hace aproximadamente un año Lucy y yo encontramos un restaurante en la Condesa llamado Photo Bistro, las estrellas de esa noche fueron un capuchino de espárragos, un atún a la vainilla y una botella de Pinot Noir Luigi Bosca. La noche de ayer decidimos repetir la experiencia.

Photo Bistro es un lugar muy agradable y sin pretenciones, mesas y sillas de madera, adornos con colores calidos, una barra larga, y lo más obvio, en las paredes una exposición de fotos (por lo que leí en la mesa las fotos están a la venta y lo que se recauda se va a la fundación La Casa de la Sal).
Lucy y yo nos sentamos y empezamos a ver la carta. Como siempre empecé con la de vinos la cual tiene una amplia selección de vinos internacionales y nacionales. Le pregunte a Lucy si tenia ganas de vino blanco y cuando dijo sí me decidí por pedir dos copas de Chardonnay de Cono Sur, un vino nada ostentoso, fresco, con buena acidez, buena fruta y fácil de tomar.
Estábamos viendo la carta de alimentos y creo que el mesero (Alfredo si no mal recuerdo) nos vio algo indecisos así que hizo su aparición con el pizarrón de sugerencias de las cuales decidimos pedir los mejillones al vino blanco (especialidad de la casa), “Coquilles Sait Jacques” que eran unas vieiras y la cola de langosta a la mantequilla negra, pero antes de eso decidí pedir una ensalada de endivias con nuez.
Llego la ensalada y estuvo buenísima, las endivias estaban alrededor del plato y al centro las nueces con una vinagreta riquísima, Lucy y yo dijimos “como algo que se ve tan simple puede estar tan rico”. Terminamos con ese plato y llegaron los mejillones, desde que los dejaron en la mesa ya se me hacia agua la boca, olían increíble, a hierbas finas y vino blanco, pero pues así como llegaron desaparecieron ya que fueron una sutil delicia.
Al terminar el segundo plato creí que ya no me iba a sorprender, pero el mesero sabiamente dijo “ahora viene lo mejor”, las dos enormes vieiras, se veían increíbles, olían increíbles, este es uno de esos platillos para los cuales me faltan adjetivos para describirlo, lo único que me queda bien claro fue no me lo quería terminar de lo bueno que estaba, pero tristemente se terminó y felizmente continuamos con la langosta, una maravillosa cola de langosta de 200g que tenía mantequilla negra y una pequeña brocheta de pimiento y cebolla, fue un gran final para los platillos salados.
Continuamos con el postre y nuevamente el mesero llego y nos ofreció una novedad del restaurante, un fondant de chocolate acompañado de verdadero helado de vainilla y de adorno unas pequeñas frambuesas. Como todo buen fondant que he probado tardan al menos 15min en llegar pero siempre valdrá la pena esperar por uno.
Este lugar es precioso, es cómodo, tienen una excelente atención, un servicio cordial y amable, las fotos que lo adorna están increíbles y además se vende para una buena causa, la carta de vinos es excelente y la comida es maravillosa.
¿Necesitan más razones para visitar este lugar?