La copa es el recipiente más nuevo que existe para disfrutar el vino, la forma que ahora conocemos, los materiales de los cuales están hechas y el complicado proceso de elaboración son la parte inconciente del placer de tomar vino.
Desde siempre la iglesia ha contado con el cáliz para contener el vino para consagrar y es probablemente lo más viejo que se asemeje a una copa. En los primeros siglos el cáliz era generalmente un cuerno de animal y con los siglos evoluciono a lo que hoy conocemos.
En los hogares y tabernas las jarras de madera eran de uso común, pero era más común tomar directamente de recipientes de diferentes tamaños donde el vino ya estaba contenido.
En el siglo XIII vemos los primeros ejemplos de recipientes para vino con una base, un tallo, y un pie, pero hasta el siglo XVI que es cuando el proceso para moldear el vidrio empieza a ser refinado.
El origen de la copa de vino –como actualmente la conceptualizamos- comenzó en Venecia, Italia en el siglo XI.
A principios del siglo XVIII el cristal fue descubierto en Inglaterra y a partir de 1820 Baccarat en Fracia fue donde más renombre logro. Allí con el permiso de Luís XV, se empezó a perfeccionar y refinar el cristal de alta calidad; a partir de estas técnicas y de una relación muy estrecha entre los artesanos del cristal y las personas involucradas en la degustación es que evoluciona la forma actual de la copa la cual es la herramienta que nos permite explorar el gusto, el olfato y la vista el vino que deseemos.
Como consumidor no pensamos mucho en el recipiente del cual bebemos, pero el pasado de la copa nos deja conocer y adentrarnos al presente y futuro del buen vino.
[...] Vía. buenavida.com.mx [...]