En México nos llegan muy pocas cosas de Sudáfrica y, para mí, las pocas que llegan son bastante promedio (vinitos de batalla)… al menos eso es lo que creía hasta que probé este.
Cuando lo compre creí que iba a ser un Chardonnay con barrica como regularmente nos los topamos: madera sobre fruta, con aromas de palomitas (california style). Grata fue la sorpresa que me lleve.
Nariz: lima, un poquito de mantequilla, especias, flores, piña, durazno, azafrán, leves toques mentolados. Aromas bastante peculiares, bien definidos y muy agradables.
Boca: acidez media, sabores bien marcados de miel y malta (sabe como wiskey pero ligero), algo de maderas y un toque amargo muy sutil que balancea todo perfectamente.
El día que lo tome con unos amigos comimos unos panes gratinados con alcachofa, queso parmesano y calabaza; gran combinación!