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Viernes, Noviembre 21st, 2008 | Author: cohen

Ya tiene tiempo que escribí sobre el Gran Divino un vino de postre, Méxicano, elaborado en Chateau Camou. En ese artículo comentaba que en general en México casi no tomamos ni conocemos el vino dulce, y menos aun el de nosotros. Pero ahora con el “boom” de los white Zifandel y algunos vinos rosados, Dulché se presenta como una nueva propuesta de vino dulce. Este elixir es elaborado por Víctor Torres Alegre solo que ahora en lugar de presentarlo por parte de Chateau Camou lo hace por parte de Barón Balche.

Esta combinación de 95% Grenache y 5% Cabernet Ruby le dan un color increíblemente rojo (como se puede ver en la foto). En nariz las frutas rojas como frambuesa, fresa y grosella, sus aromas son muy agradables ya que no se siente un agresivo ataque de lo dulce. En boca, obviamente dulce pero fresco, con algo de acidez que logra balancear muy bien el conjunto de frutas rojas, se siente muy homogéneo y al final tiene un toque como de nuez o algo tostado, no llega a ser tan dulce como otros, se siente mas como una reducción de frutos rojos que un almíbar.

En la ficha técnica de este vino se menciona que este vino paso por una crianza de 15 meses en barrica y 6 meses en botella. La verdad esta parte de madera (aunque 15 meses) se siente muy sutil y creo que le da esa homogeneidad al vino.

Esta es otra buena recomendación para los que quieran probar un vino de postre pero no tan dulce que empalague, solo lo suficientemente dulce para que terminemos de una grata comida.

Lunes, Noviembre 17th, 2008 | Author: cohen

En Italia, Passito es el nombre genérico que se le da a los vinos hechos con uvas pasas (o uvas secas). Su elaboración es muy parecida a la de cualquier otro vino, la diferencia se encuentra en que después de cortar la uva se le deja secar y eso concentra los azucares dando como resultado un vino dulce. Generalmente estos vinos son blancos pero en Verona se produce un vino con este mismo proceso, el Recioto della Valpolicella, que es tinto.

Después de esta breve explicación vamos con el mexicanismo Passito de L.A. Cetto. A la vista un color ámbar y al servirlo se notaba algo denso. El aroma de miel y pasas era muy evidentes, también se sentía un poco de dátil, madera y unos toques de café en el fondo. Después de olfatearlo un rato apareció un aroma que estaba muy escondido, era un toque herbáceo. En boca se sentía evidentemente dulce como pasas y miel combinado con unos toques tostados y herbáceos, todo eso daba un final como el que queda después de tomar una taza de café. Para explicar la sensación en boca es como si tomaran un Jägermeister con miel (si de algo sirve la referencia :) ). Resulto curioso y muy agradable.


Category: Blanco, Catas, Mexico, Postre  | Tags:  | One Comment
Martes, Agosto 05th, 2008 | Author: cohen

El fin de semana pasado Lucy, Piko y yo fuimos a casa de Alex (morlo en el blog) a una cena con varios vinos y unas entradas (para que Piko y Alex se quitaran el estrés del arduo trabajo de la semana). Uno de los vinos que más nos sorprendió fue El Gran Divino.

En este país casi no consumimos y no conocemos muchos vinos dulces como cosecha tardía, icewines o botritizados (pronto escribiré más a fondo sobre estos tres procesos). Pero en el Valle de Guadalupe en Baja California, México, existe una casa fundada en 1994 llamada Chateau Camou que dedican un poco de su tiempo a la creación estos vinos poco conocidos. Ahí se crea un vino llamado El Gran Divino a manos de Víctor Torres Alegre, enólogo de la casa. Este vino proviene de una cosecha tardía (significa que la cosecha se hace cuando las uvas tiene mucha mas azucara de lo normal, y por lo tanto se genera un vino dulce) de Chardonnay y Savignon Blanc.

Su color verdaderamente dorado te invitaba a probarlo. En nariz el primer aroma que se detecta es el de membrillo, después aparecían los aromas de frutas secas como chabacano y durazno, el chardonnay le aportaba un toque a mantequilla muy sutil que homogeneizaba los aromas, y algo oculto, los aromas cítricos y levemente minerales que aportaba el Savignon Blanc, también debido a que este vino tiene un tiempo en barrica se notaba el toque sutil y agradable de madera. En boca un vino claramente dulce (que probablemente cansaría los paladares de algunos), donde el sabor del membrillo y las frutas secas se notaban, se lograba apreciar una leve acidez pero esta era opacada por el dulce, al final la madera se hacia presente. Este vino tiene en boca una permanencia bastante larga, y un final muy agradable.

Antes a esta cata Alex y Piko estaban comiendo un queso de oveja curado; un de esos quesos fuertes a los cuales no soy muy afecto (no se bien como describir a este tipo de quesos, pero lo que si sé es que la sensación de comezón en el paladar es lo que no me gusta), pero recordé que en mis clases se había comentado que uno de los maridajes más clásicos era quesos fuertes con vinos dulces. Ellos hicieron la prueba y al ver sus caras decidí intentarlo. Al combinar el vino con el queso el complemento era perfecto, el vino hacia que el queso perdiera su habilidad de generar esa comezón y la parte cremosa y fuerte era lo único que quedaba, y el queso hacia que el vino se sintiera menos dulce y le daba un poco de mas acidez que le ayudaba mucho. La combinación fue maravillosa.

Este tipo de vinos no son fáciles de conseguir y tampoco son baratos, pero si tiene la oportunidad de comprar uno (y mas este que es mexicano) háganlo, la experiencia es sorprendente.

Sábado, Abril 19th, 2008 | Author: piko

Ando muy retrasado; el viernes 11 hubo cata en mi casa, probamos muchos muy buenos y no he subido la reseña más que del Green Lion. Pero pues bueno… ahí va la primera de las que faltan.

Carlos ya me regaño porque mis reseñas de vinos son buenas pero hasta ahí… siente que no les estoy haciendo suficiente justicia a los buenos vinos que hemos probado (sobre todo a los que el trae a mi casa), así que voy a hacer un esfuerzo en mis próximas reseñas; pero que no se les olvide, soy nuevo en todo esto, tanto en el blog como en las reseñas de vinos, y además mi falta de tiempo hace que todo lo que posteo sea lo más rápido posible.

Mi primera experiencia con los Icewine no pudo ser mejor… habíamos terminado una muy buena cena que entre Carlos y Lucia armaron, cuando llegó la tan esperada hora de enfriar al máximo el Icewine que consiguió Carlos, y a calentar el Strudel de manzana que nos había preparado su mamá.
Pequeñísima botella de 200 ml. Por lo que no podíamos compartirla con Coello y Diego que acababan de llegar… lo siento.

Este vino de Peller Estates, según platicó Carlos, se realiza con uvas que se recolectan en las noches más heladas del invierno canadiense, cuando la temperatura se encuentra por debajo de los 10 grados centígrados bajo cero. El clima inclemente hace que la uva esté congelada, y que el azúcar de la misma se concentre en el centro… las uvas se recolectan a mano y son prensadas inmediatamente. La leyenda cuenta que sólo una gota de jugo congelado cae de cada uva, yo creo que debe de ser un poco más. Antes de la recolección, cada uva sufre un proceso de congelación y descongelación de 8 a 10 veces (por las heladas previas), lo que hace que la uva vaya generando con cada helada sabores más complejos. El proceso de fermentación se lleva a cabo en temperaturas bajas, para no separar los sabores.

El color es amarillo concentrado tirándole al dorado, me recordó mucho al licor de platano que mi abuelo me daba de tomar los domingos después de la comida.

El aroma muy interesante, a durazno acompañado de mucha miel… imaginen una lata de duraznos en almíbar, pero con aroma aún más dulce, más meloso, parecido a una mermelada… el olor del strudel en el fondo mezclado con el del Icewine empezaban a hacer agua mi boca.

En la copa se nota ya la gran cantidad de azúcar que posee este vino de hielo (185g/l), la consistencia no es la de un vino, sino más la de un licor, con mucho cuerpo. Los aromas se maximizan y no se puede esperar mucho para probarlo, es demasiado para esperar.

El sabor fue algo muy grato, prácticamente lo que se espera por el aroma pero mejor; los duraznos y el azúcar se concentran y potencializan con el alcohol, un toque de piña y todo dominado y perfectamente englobado por miel.

La experiencia fue muy grata desde el ver la bonita botella, hasta que se acabó la última gota. Algo totalmente diferente a lo que estaba acostumbrado, y algo que no me esperaba. Un gran vino para acompañar postres no muy dulces, y creo que con ciertos quesos podría ser una muy buena opción. O si no sólo… el vino en sí puede ser un gran postre.

Gracias Carlos, gran gran vino.

Cabe señalar que este vino ganó el año pasado en Londres el trofeo al mejor Icewine.